LO QUE HEMOS GESTIONADO
Una crisis familiar internacional no detiene el resto de la vida. Las empresas siguen funcionando, los clientes tienen que trabajar, los hijos continúan con su rutina, existen propiedades que gestionar, viajes previstos, decisiones financieras pendientes y abogados en distintos países trabajando con procedimientos y tiempos que no siempre coinciden.
Intervenimos en un asunto familiar internacional en el que precisamente esa coordinación era una parte esencial del problema.
La dificultad no estaba únicamente en determinar qué tribunales podían ser competentes o qué ley debía aplicarse. Había que gestionar simultáneamente los tiempos jurídicos, las expectativas personales, la actividad profesional de las partes y una situación patrimonial repartida entre varias jurisdicciones.
Cada decisión tenía consecuencias más allá del propio procedimiento.
Una comparecencia podía interferir con un compromiso profesional importante. Un cambio de residencia podía alterar el análisis jurídico. Una decisión sobre una propiedad podía tener efectos patrimoniales en otro país. Y una actuación impulsada por un abogado en una jurisdicción tenía que ser compatible con la estrategia que se estaba desarrollando en las demás.
A ello se añadía otro elemento especialmente complejo: las expectativas.
En situaciones personales difíciles, el cliente necesita respuestas rápidas, pero el Derecho internacional de familia rara vez funciona a la velocidad que uno desearía. Parte de nuestro trabajo consistía también en distinguir lo urgente de lo importante, evitar movimientos precipitados y explicar qué decisiones debían adoptarse inmediatamente y cuáles era mejor reservar para un momento posterior.
La coordinación entre los distintos abogados resultaba igualmente crítica. No se trataba simplemente de contar con asesoramiento en varios países, sino de conseguir que todos trabajaran sobre los mismos hechos, con los mismos objetivos y con una estrategia compatible.
Al mismo tiempo, había que mantener una visión práctica de la vida del cliente: sus negocios, su trabajo, sus propiedades, sus compromisos familiares y su capacidad real para ejecutar cada paso de la estrategia.
Nuestro papel consistió en mantener todo eso unido.
Ordenar los tiempos, coordinar a los distintos asesores en los diferentes países involucrados, anticipar cómo una decisión podía afectar a otra jurisdicción y construir una estrategia que fuera jurídicamente sólida, pero también realista para la vida del cliente.
Porque en los asuntos familiares internacionales más complejos, no basta con encontrar la respuesta jurídica correcta.
También hay que conseguir que funcione en el mundo real.